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Reportaje al Mtro. Lito Valle

Inmigrasons

Mini repo a Lito Valle, codirector de la Banda Sinfónica:
“Es un oficio muy lindo el de hacer orquestaciones”

Por Jonathan Rippel.
Publicado en julio de 2007.

Carlos Alberto Sahún (1942), conocido en el ambiente artístico como Lito Valle, dirige, junto a Oscar Gálvez Vidal, la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Buenos Aires. En octubre cumplirá nada menos que 50 años como músico, lo que en su caso abarca los oficios de –además de director– pianista, compositor y arreglador. En esta ocasión, conversó con MBA On Line sobre pasado y presente de la banda y acerca de su importante trayectoria personal.

La Banda Sinfónica de la Ciudad de Buenos Aires fue creada en 1910 con la idea de acrecentar la cultura artística de la población, fomentar la identidad musical y celebrar el centenario de la Revolución de Mayo, a través de un claro signo de independencia cultural. ¿Cuáles son los objetivos actuales? ¿Qué cambios hubo en la orquesta con el paso de los años?
En realidad, cuando la banda se fundó era parte de la construcción del país. O sea, es un resabio que viene de la Generación del ’80: había que armar el país. Y también era una forma de celebración por los cien años de la Revolución de Mayo. El protocolo necesitaba de una banda muy floripondia, con lindos uniformes e instrumentos. Su fundador fue el maestro italiano Antonio Malvagni. En nuestro archivo hay manuscritos suyos, que van a cumplir un siglo, y aunque no lo creas se siguen usando. Uno de los manuscritos corresponde a una obertura de Rossini señala: “Aprile 1918”. Por ende, tendría que estar en el patrimonio histórico del Gobierno de la Ciudad.

La banda también se creó para entretener a la gente y difundir la música. Hay que recordar que en aquella época no había ni radio y apenas discos. La gente que quería escuchar ópera y no tenía dinero para pagar la entrada del teatro –para entonces ya estaba fundado el Colón–, accedía a esa música de modo gratuito con la Banda Sinfónica. En aquella época se tocaba en las plazas, algo que en Europa se sigue haciendo. Fijate que el pabellón que hay en Barrancas de Belgrano era para la banda, que a principios del siglo XX tocaba los domingos para familias con chicos. Un pabellón chiquito en el Zoológico porteño, donde ahora no sé qué bicho hay, también era para la banda. Nosotros preservamos eso. Obviamente, se toca en las plazas cuando no hace frío. También tocamos en instituciones y hacemos conciertos didácticos en escuelas.

¿Cuándo empezaron los conciertos didácticos?
No sé la fecha exacta, pero es una tradición bastante importante. A los alumnos les muestro los instrumentos, cómo son, cómo suenan. Hay chicos que los conocen pero otros que los miran por primera vez y se quedan fascinados. Es más, nunca sabés cuando se despierta una vocación. Creo que hay momentos mágicos en los que nacen las vocaciones. Por ahí, la banda que toca en los colegios puede despertar alguna vocación musical, distinta a tocar la guitarra o el piano. Te cuento que la banda tiene una página web a la que llegan agradecimientos de los chicos de los colegios y pedidos para que volvamos. Recibimos bastante correo. O sea que la banda tiene respuesta.

Provoca alegría...
A veces tocamos en lugares muy populares, como puede ser la Estación Constitución, donde solemos hacerlo una o dos veces por mes. Existe el prejuicio de que a sectores bajos o a trabajadores no les gustaría la música que tocamos o que no la van a entender. Pero no es así: sólo hay que estar ahí para ver la respuesta de la gente. Me han mandado cartitas que te ponen la piel de gallina. Es el agradecimiento a lo que la Ciudad les devuelve. ¿Sabés lo que pasa? La gente se siente respetada, que le estás dando algo serio. Lo mismo sucede con otros organismos oficiales: la Orquesta del Tango, por ejemplo, que tiene un público diferente, específicamente tanguero. La gente te agradece por ahí con la mirada o con gestos, porque en definitiva, le estamos devolviendo los impuestos. En términos financieros, nosotros le estamos retribuyendo lo que ellos han contribuido y eso funciona muy bien.

En su caso personal has trabajado tanto con ópera como con música clásica, jazz y tango. ¿Qué géneros musicales está tocando la Banda Sinfónica?
El problema de las etiquetas es muy difícil porque por ejemplo tanto la “Quinta sinfonía”, de Beethoven, como la “Cumparsita” son clásicos. Nosotros tocamos música de calidad de distintos géneros, por lo menos cuando yo hago las programaciones. Mi criterio para elegir el repertorio se apoya en la idea de que cuando estás en tu casa y tenés ganas de escuchar música, a lo mejor no escuchás un CD entero sino que empezás a picotear: escuchás dos temas de un grupo, después escuchás otra cosa, luego pasás a otro género, luego algo instrumental... Hago el programa con esa idea.

Hay para todos los gustos.
Sí, en general, la banda se maneja con una comisión de músicos que planifica los programas. Los diseño yo y tienen la total aceptación de la comisión porque siempre olfateo a qué lugar vamos: una cosa es el público de la Estación Constitución, cuyo repertorio no puede ser, para mí criterio, demasiado “culturoso”. Otra, el público de la Bolsa de Comercio y el del Centro Asturiano, que son bastante parecidos. Y también hemos ido a clubes de barrio. En muchos lugares te “sugieren”. Por ejemplo, vas al Asturiano y tenés la obligación de tocar una ó dos melodías de música española. Pero como el repertorio de la banda es muy grande, estamos cubiertos.

¿Todos los músicos de la banda son experimentados? ¿Hay jóvenes?
De todas las edades. Hay gente que ha ingresado hace apenas un año y la que está a punto de jubilarse.

¿Cuántos integrantes tiene la banda?
En total, 96. En algunos lugares tocan menos músicos, porque no hay espacio. El mínimo de integrantes que tocan, cuando se hace en los patios de los colegios u otros lugares cerrados, son 45 ó 50. Pero en los conciertos son normalmente con 65 o 70 músicos.

Años atrás tocaron con artistas invitados como Rodolfo Mederos y Opus 4.
El año pasado tocó Lilia Noguera e hicimos la “Rhapsody in Blue”, de Gershwin. En general, no hay presencia de cantantes en la banda: el 99 por ciento de lo que se toca es instrumental.

¿Recuerda algún evento especial que haya desarrollado la Banda Sinfónica?
Hace tres ó cuatro años, cuando había otro director, se hizo una presentación en el Planetario y se tocó, simultáneamente con la exhibición, música clásica y de John Williams, caso del tema que compuso para “La guerra de las galaxias”. Ver las estrellas en el Planetario con música en vivo es interesante.

¿Haces tres años que venís dirigiendo a la orquesta?
Empecé en el ’99 como director intermitente y después trabajé con la orquesta cada vez más seguido. Y ahora que soy director titular, me tienen que tener paciencia (risas).

¿Y qué cambios notó desde el ’99 a hoy?
La banda se va afirmando con el paso de los años y es muy profesional. Son músicos de todas las edades pero todos entran por concurso, así que tienen que tocar muy bien.

Especialmente considerando que por semana van a oírlos cientos de personas.
Podemos llegar a tener un público de entre 300 o 400 personas, de acuerdo a la capacidad máxima de los sitios donde lo hacemos. Imaginate que la capacidad de la Bolsa de Comercio no es la misma que hay en un teatro. De todas formas, el Asturiano se llena siempre. Fue asombroso el concierto que hicimos a fines del año pasado en la Iglesia de Pompeya. Allí estaban abiertas las puertas y la gente entraba, y se llenó... ¡una maravilla! Y cuando tocamos en los parques de Palermo, la gente –la que corría, la que tenía chicos, la que paseaba a sus perros...- se acercaba de a poquito. Cuando nos dimos cuenta, se llenó.

¿Qué expectativas tiene con los conciertos programados para lo que queda del año?
Las mejores, porque utilizamos el repertorio adecuado a cada lugar. Están previstos algunos estrenos de obras de un compositor español y también de dos compositores argentinos, pero también damos a conocer cosas nuevas que, si bien no son música excesivamente de vanguardia, tienen un lenguaje más moderno.

Es interesante que pese a ser músicos consagrados, lo cual les da margen para tocar de acuerdo a sus deseos, sigan prestando atención a los gustos del público.
A veces hay propuestas de los músicos para tocar determinadas obras. Hablando justamente del tema de la variedad, yo le he regalado a la banda más de 25 orquestaciones. Y son más de las que a mí me gustaban. Hice algunas orquestaciones de Piazzolla. Desde el ´99 hemos tocado “Libertango” unas 300 veces. Y es uno de esos arreglos que te salen redonditos, que después lo tocan todas las bandas del país. Es como un hijo mío: lo vi programado en un banda de Venezuela, también tengo un video de la banda municipal de Madrid, tocando mi versión. También hice arreglos de música contemporánea: de Stravinsky y de Bartok, por ejemplo. Y orquesté música popular italiana.

EL OTRO DIRECTOR

¿Cómo es la dinámica en la relación laboral entre usted y Oscar Gálvez Vidal, el otro director de la orquesta?
Nos conocemos desde hace muchos años, desde cuando éramos compañeros en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Los dos somos preparadores de ópera. Tenemos un relación muy fluida. ¿Sabés qué es lo lindo? Que no hay competencia. El arma su programa, yo hago el mío, e intercambiamos. Yo le presto música a él y él, a mí.

¿Siempre dirigen por separado o a veces lo hacen juntos?
No, hacemos uno o dos conciertos cada uno. Vamos rotando. Nunca en un concierto hay dos directores. Pero vamos a pensar eso, ¿eh? (esboza una sonrisa). Sí, él podría vestirse blanco y yo de negro, y dirigir una obra cada uno (risas). Oscar fue elegido este año y es una excelente persona. El ya había estado, hizo algo de zarzuela y fue elegido como segundo maestro.

LA EXPERIENCIA PERSONAL

Usted hizo arreglos para, entre otros, la Gunma Symphony Orchestra (Takasaki, Japón). ¿Qué se siente que desde un país tan distante y con una cultura distinta soliciten sus servicios?
Eso fue hace muchos años. Te puedo dar una lista extensa de gente para la que he escrito arreglos. Escribo también muchos arreglos para la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto, a quien suelo dirigir bastante seguido. Es un oficio muy lindo el de hacer orquestaciones.

En el 2003 realizó los arreglos de “Vamos al tango” con el auspicio de la Fundación Konex y participó como arreglador y director de un disco dedicado a la obra de Piazzolla y Ferrer con el cantante Guillermo Fernández.
Les seleccioné los tangos, los temas, los títulos e hice los arreglos. Fue una cosa parecida a “Vamos a la ópera”, aunque no sólo para gente adulta sino también para jóvenes y chicos. Estaba muy bien hecho y se hizo en el Cervantes.

Usted participó, ente otros, con figuras de la talla de Mariano Mores, Lalo Schifrin y Estela Raval. ¿Cómo fue trabajar con ellos?
Con todos ellos fui tecladista, segundo piano. También trabajé como director con algunas próceres españolas: Isabel Pantoja y Rocío Jurado, por ejemplo. Y tengo un recuerdo hermosísimo de unos conciertos en los que dirigí a Libertad Lamarque. ¿Viste que cuando uno está inmerso en el trabajo, pierde la noción de con quien está?. Aquella vez le dije al bandoneonista: “¿Vos tenés idea con quien estamos trabajando?” Y él me respondió: “Un prócer de la música popular que filmó cincuenta películas y que es famosísima en toda América Latina”. Y yo, segundos antes, como si nada.

De los artistas con los que trabajó, o de los lugares o instituciones en los que estuvo, ¿cuál le enorgullece más?
Los tres recuerdos más afectuosos que tengo son haber sido pianista de Canal 13, cuando los canales tenían orquesta; haber estrenado “Amor sin barreras” en Argentina; y en un rinconcito del corazón, haber trabajado doce años como comentarista de zarzuela y comedias musicales en Radio Nacional. Son la florcita de mis recuerdos. Eso no minimiza otros.

Y con tanta experiencia, ¿le quedó algún proyecto o sueño pendiente dentro de lo profesional?
Estoy escribiendo material didáctico y haciendo algunos ensayos musicológicos, que no son muy pretenciosos. También trabajo como docente. Y esto lo menciono porque es algo a lo que tengo mucho afecto. Yo soy profesor fundador de la Escuela de Música Popular de Avellaneda, desde hace 21 años. Enseño orquestación, piano jazz y dirijo la banda de jazz de la escuela. También me dedico a la enseñanza privada. Y a componer algo. Lo que pasa es que componer te exige tiempo y uno se la pasa laburando, es padre de familia y tiene sus obligaciones, por lo cual no te queda el tiempo necesario para la creatividad. Arreglar te da placer aunque se trate de hacerlo con música que no hayas compuesto vos.

Hay géneros musicales que incluyen un mercado internacional importante, como es el caso del tango. Usted que experimentó con diferentes estilos, ¿hizo muchas giras?
Viajé muy poco. Primero, porque tenía puestos estables en Argentina y no era fácil irse: había que pedir licencia y llevar adelante cuestiones administrativas. En cuanto al tango, estuve dos meses con Mariano Mores en México; también en Japón e Italia. Y en relación a otros pecados de la música popular, fui director de Sandro, cuando hice la música de una película de la que mejor no acordarse el nombre (risas). Estuvimos, también, en Los Angeles. O sea, tengo como las dos vertientes: una formación académica y el ejercicio de la música popular.

¿Y cómo fue trabajar con Mariano Mores?
Muy lindo y muy cómodo. Su música es preciosa y hemos charlado varias veces. En una oportunidad me contó cómo nació el tango “Uno”. En Roma, un día de mucho frío, luego de haber comido los famosos fideos italianos y tomar una copita de vino, Mariano estaba eufórico. Ahí fue que Discépolo le dio la letra de “Uno”. Después lo llamó por teléfono: “Mariano, ¿me hiciste la música?” Y Mores le respondió: ” Sí, ya está, podés venir a casa”. Después de tocar el timbre, Discépolo le dice:” Mejor, vamos a caminar”. Me comentó Mores: “No quiso entrar, que yo tocara el piano”. Y añadió: “Me pidió que se la tarareara mientras dábamos la vuelta manzana”. Luego Discépolo le hizo algunas correcciones, ya que también tocaba el piano. El tango se llamaba “Si yo tuviera un corazón”. Pero cuando lo tocaban, la gente le pedía a Mariano “Uno”. Así que le tuvo que poner ese nombre.

¿Y de Sandro qué recuerdos tiene?
Sandro era el astro. Muy buen tipo. Era lo que es: un figurón carismático, con sus fans, sus admiradoras y todo eso. Fue un buen compañero de trabajo.

LITO VALLE DIXIT

Arreglos
“En octubre cumplo 50 años de músico. Mirá si habré escrito arreglos. Yo a Piazzolla lo vi una sola vez y le di la mano. El hizo dos ó tres versiones de `Libertango´ y de `Adiós Nonino´, como siete arreglos diferentes. Lo volvía a rescribir, lo rearmaba distinto. Mi arreglo de `Libertango´ también se ha tocado en Alemania y en Chile. Y con la banda lo tocamos hasta en los didácticos de la escuela”.

Los didácticos
“Nosotros vamos a escuelas de distintas zonas donde nos encontramos con estratos sociales diferentes. Los chicos son respetuosos durante los conciertos. Se sientan, se portan bien, miran y escuchan. Y normalmente cuando termina el didáctico, tocamos un galop, que es una música rápida. Entonces elijo chicos al azar y los hago dirigir. Cuando hay adolescentes les da una vergüenza terrible, pero cuando están los chiquitos del jardín los pongo arriba de una silla, les hago upa, les sostengo la manito y dirigen. Lo disfrutan mucho porque están frente a un hecho nuevo y sienten que los estás respetando, que le están dando algo valioso, algo diferente a la televisión, a la exitosa chatarra vigente(...).”

EL TOP FIVE DE LITO VALLE

1. Wolfgang Amadeus Mozart
2. Maurice Ravel
3. Aníbal Troilo
4. Igor Stravisnky
5. Count Basie

Fuente: Musicaba

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